Agosto 1 de 2020


 

Muchos habitantes de Bogotá que querían comprar vivienda en un ambiente campestre, lejos del caos de la ciudad, habían desechado la idea por los problemas de movilidad al tener que desplazarse a su lugar de trabajo ubicado en la capital y regresar en la tarde o en la noche. Sin embargo, están revaluando el tema.

He conversado con las dos partes (potenciales compradores y constructores) y me han comentado que el aislamiento obligatorio preventivo los ha motivado a retomar esa posibilidad. En el primer grupo hay parejas trabajando de forma remota, y en vista de que no salen debido a la situación, coinciden en que no habría ninguna diferencia si estuvieran viviendo en alguno de los municipios aledaños a la ciudad, a donde muchos han querido irse desde hace varios años.  

Por otra parte, y a pesar de las eventualidades, la dinámica inmobiliaria les ofrece esa alternativa en estos momentos y curiosamente la pandemia la ha impulsado. 

Sobre el segundo grupo, es decir, el de los constructores, hay que destacar que la opción de atraer clientes a sus proyectos se reactivó en su agenda tras los anuncios del Gobierno del regreso a las obras, desde el 27 de abril, y la apertura de las salas de venta, a partir del primero de junio.

De hecho, sobre el tema de Bogotá y Cundinamarca, Daniel Rey, director de Estudios Económicos de la regional de la Cámara Colombiana de la Construcción (Camacol), destacó que en el primer semestre del año se vendieron 15.000 viviendas en la capital y 14.000 en Cundinamarca, lo que en un escenario de emergencia es muy relevante.

Obviamente, todos no están en la misma situación de los potenciales compradores identificados al comienzo, pero lo cierto es que en momentos de aislamiento y virtualidad, la alternativa de trabajar desde la casa y disfrutar del verde que hay en los municipios de la sabana, ahora compite como una buena opción, incluso, para los hogares cuya conformación ha cambiado, entre ellos, los que no tienen o no desean hijos, los que tienen hijos pequeños o adolescentes (que cuentan con una oferta de colegios cerca) o los unipersonales, que en el Censo del Dane del 2018 fueron protagonistas.

Pero también hay hogares con jóvenes que ingresarán a la universidad, la mayoría de ellas en Bogotá y, quizás, el desplazamiento sea un lío, o de pronto no.

En fin, cada caso es particular para una oferta que ha ganado relevancia, no solo en Bogotá y la sabana, sino en Medellín, Cali, Bucaramanga y sus municipios aledaños.

Se ha confirmado, por lo tanto, que muchos oficios se pueden manejar de forma semipresencial y que de la mano de la finca raíz las familias podrán acceder a más calidad de vida, lejos del caos citadino.

De paso, las finanzas de las empresas, que saldrán muy resentidas de la pandemia, tendrán un respiro por la vía del teletrabajo. Es decir, la cadena de ajustes del mercado tendrá otra consecuencia en el negocio corporativo, ya que a pesar de que las oficinas no se acabarán, los directivos de las compañías no necesitarán muchos metros cuadrados y preferirán a sus trabajadores en casa, desplazándose a la oficina solo para lo necesario, siendo protagonistas de una nueva virtualidad.


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